Cuando era chica tenía miedos concretos. Miedo a que haya alguien bajo mi cama. Miedo a dormir mirando la pared porque no sabía qué pasaría por mis espaldas. Miedo a dormir con la luz apagada. Miedo a que hubiera alguien tras la cortina del baño...
Ahora esos miedos los superé, ya no los tengo. Eran miedos concretos, un poco ridículos a la distancia.
Después un poco más crecida, siguieron los miedos, también un poco concretos pero no tanto. Miedo a un parcial, a un final. Miedo a mediar en una ponencia. Miedo a una ponencia. Miedo al primer día de trabajo. Miedo a la entrega de un informe.
Ahora esos miedos los superé, ya no los tengo. Eran miedos medios concretos, un poco ridículos a la distancia.
Más tarde, tuve miedos abstractos, miedo a decir Adiós, a decir NO, miedo a quedarme sola, a emprender, a decidir.
Ahora esos miedos los superé, ya no los tengo. Eran miedos abstractos, ridículos a la distancia.
Ya agoté los miedos, ni siquiera tengo miedo a dejar de respirar. Creo que el miedo se quedó paralizado por decantación, el miedo me hizo fuerte, porque me atreví a enfrentarlo. La fórmula es haber aprendido a conocerme, haber aprendido a saber quien soy, a anticiparme a los acontecimientos porque los veo claramente antes de tomar una decisión.
Luego de analizar cada miedo, abstracto, concreto, me di cuenta que solo existía uno solo. El miedo a estar sola, conmigo, a encontrarme. Y hoy, que lo logré me encontré con alguien a quien amo. Que me abraza desde adentro, que me cuida, que se asegura por dentro... y eso me anima a todo.
Y ahora sí...que pase el siguiente, que me demuestre que el miedo existe. Yo ya descubrí que el único miedo real está en la propia mente y si no...demuéstrenme lo contrario!!!